Mediterranean Surf

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Surf y Música por Franchu

TRESENLÍINEA

Franchu es el responsable de la programación cultural y eventos de LaCasadelaMar, si lo tuviera que definir en una palabra probablemente sería cultureta, y es que Franxu es un tío culto en muchas áreas y como no, en el surfing también. Es por ello por lo que desde Mediterranean le hemos pedido que nos hable de dos de sus pasiones y como se interrelacionan: la música y el surfing.

Y hasta ha elaborado una playlist en Spotify con una selección de temas.
No dejes de escucharla. Clica en el icono y disfruta.

SURF Y MÚSICA / MÚSICA Y SURF
¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

Pues bien, tanto el surf como la música son formas de fluir.

¿Qué relación existe entre ambas cosas?, pensarán algunos. Para mi es imposible entender una cosa sin la otra, porque entre muchas otras, hay una cuestión química que genera una simbiosis entre estos dos placeres.

Tanto el surf como la música producen en el cerebro la secreción de dopamina, neurotransmisión relacionado con el placer en el cerebro, que no es cuestión baladí, así que bienvenidos sean ambos.

La cosa no queda ahí, ¿quién no ha reproducido su “tema” favorito en el coche de camino a la playa para motivarse antes del baño? Imposible olvidar esa sección de “Trilogy” de Andy Irons (DEP), en la que suena TV on the radio y su “Wolf like me” mientras se infla a tubos en la ría de Mundaka. Y, ¿cuántas veces han sonado las listas de reproducción de “Stranger than Fiction” y “Modern Collective” ya sea de camino a la playa o antes de salir de farra?

Y es que hay otro vínculo innegable y diría que único entre ambos disfrutes: ¿con qué puede desafiar uno a la tan temida monotonía y encontrar siempre componentes de novedad en algo que le permita disfrutar siempre?

Uno no se cansaría nunca de escuchar su canción predilecta (la cual por muchas reproducciones que pasen siempre será un temazo), del mismo modo que uno nunca se cansaría de surfear la ola perfecta. Imaginaos surfeando solos, por ejemplo, en Balangan, mientras suena de fondo L.A. Woman de los Doors. Así es, el paraíso nunca estuvo tan cerca ni tan lejos al mismo tiempo.

Quizá esa escena nos teletransporataría a la California de los 60´ y nos llevaría a imaginarnos tal y como Matt Johnon en El Gran miércoles (BSO muy recomendable), donde todo eran olas, música y sexo. Pero no siempre fue así. Y es que la música y el surf tienen un lazo menos hedonista y profundamente más espiritual. Según la tradición hawaiana, los “Kahunas” (sacerdotes) rezaban a los dioses por un buen mar de fondo, para bendecir a los surfistas (¿a quién hay que rezar para que llegue ese mar?).

Mucha gente tiende a relacionar la música con el surf a través del ukelele, símbolo musical y estético de Hawaii, pero cuya mayor conexión con el surf ha sido la típica imagen imborrable de una hawaiana haciendo uso de este con una escena de surf al fondo. Nada más lejos de la realidad, la música surf nació en California, que resulta ser en todos los ámbitos la cuna del surf tal y como lo conocemos hoy.

La nueva música surf en la década de 1960, podría ser descrita como muy instrumental. una combinación de rockabilly, blues de 1950 y la nueva guitarra eléctrica. Este nuevo sonido no tardó mucho tiempo en ser vinculado con la playa, el surf, las chicas y los coches (algunas de dichas cosas no han cambiado en medio siglo). Era bailable y sonaba fresco consiguiendo gran popularidad entre un mercado rebelde y joven.

Fue todo un fenómeno musical que traspasó y dejó de lado el principal elemento de su propio nombre conceptual: el surf, ya que paradójicamente los jóvenes de toda América la acogieron rápidamente a pesar de no tener playas ni surf.

Uno de los primeros creadores de la música surf junto a Bel Airs, Dick Dale, fue protagonista de uno de los hitos de la música ayudando a Leo Fender a la creación de la guitarra Fender Statrocaster como icono musical. Este modelo ha sido utilizado posteriormente por músicos como Jimmi Hendrix, Eric Clapton o John Mayer, aunque ninguno de ellos enmarcado dentro de la escena del surf rock.

Más tarde llegarían The Ventures con sus grandes referencias instrumentales al surf con temas como: Pipeline, Wipe out o Hawaii 5.0; además de The Beach Boys con su mítico e insulso tarareo pegadizo de “Surfin USA” o The Trashmen con su divertido y bailongo “Surfin bird”; que hicieron popular la música surf, al menos hasta alrededor de 1963, cuando el desembarco británico tocó pie en la costa oeste con bandas como los Rolling Stones y los Beatles, los cuales tomaron el poder.

La música surf tuvo una fuerte influencia en la cultura juvenil de los años 60, década de la revolución juvenil hippie. La música, sus letras y mensajes influyeron en todo: la ropa, la actitud y el lenguaje de la juventud en California, con el tiempo extendiéndose por todo el mundo, como se puede observar en playas como Bells Beach, Ericeira o La Patacona.

Afortunadamente la música y el surf no han parado desde entonces, ni tiene pinta de que lo vayan a hacer; y a pesar de que ya no existe un movimiento musical tan potente asociado al surf, aún hay figuras señaladas como Jack Johnson, mucho más cercano con su folk lineal soporífero a la música hawaiana que al surf rock californiano.
Cabe mencionar otras bandas lideradas por surfistas y más similares al movimiento californiano como Japanese Motors (Alex Knost) o Goons of Doom (Ozzie Wright) hasta otras como Skeggs (Noa Deane) próxima al garage rock o WASH (Creed McTaggart y Beau Foster), referente del punk rock en la costa este australiana, aunque todas ellas lejos de tener gran repercusión mundial.

En esa evolución en la que vive la industria del surf y en menor medida el mundo de la música, la rueda nunca ha dejado de girar. Antes los Beach Boys nos evocaban tablas grandes y anchas con dibujos de rayos y bañadores de 12 pulgadas. Ahora las bandas mencionadas anteriormente, además de otras con sintetizadores y softwares nos trasladan a Hypto Kryptos de 5,6” pintadas con efecto mármol, chupas de cuero y uñas negras. Y en esas nos encontramos con la dopamina y la serotonina de nuevo, porque si algo nos gusta más allá del contexto o la estética, es gozar, si no, que se lo pregunten a Bruce, Dane o alguno de los que eliminan en primera ronda de cualquier prueba de la WSL y se echan a la fiesta sin contemplaciones.

Míticos son ya los baños con secuelas en Francia después de una noche en el Rock Food o el Coolin de la plaza de Hossegor. Y aunque menos, míticos.

También son los bailes de Bruce Irons y Kobby Aberton en algunos bares del Bukit en Bali. Eso sí, con resaca o sin ella, aunque siempre con música, al día siguiente de una farra estos dos siguen hinchándose a tubos en Padang-Padang. Y es que como decía, en un sentido u otro la música y el surf siempre han sido y serán inseparables.

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